18, rue Duret

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El otro día me acordé de cuando vivía en la Rue Duret en París, en el nº 18.

Fue cuando llegué a París para estudiar en la Universidad de derecho. Mi madre me trajo en coche desde Madrid con mis cositas y se fue.

Me quedé y me instalé solita en un piso bajo de 30m2 en el XVIème arrondissement de la Ville Lumière.

Me acordé de mi estación de Metro: Argentine.

Me acordé de esas primeras veces que tenía que ir a la compra, planificar mis comidas…

Me acordé de que en esa época solo sabía cocinar “Poulet basquaise”: cada vez que venía mi padre a París, le cocinaba lo mismo.

Me acordé del restaurante italiano que estaba cerca de casa donde comía el mejor zabaione del mundo y que tenía un camarero guapísimo con un ojo verde y otro azul.

Me acordé del crédito Lyonnais de la esquina que me quitaron mi chequera tras firmar talones sin fondos al poco de llegar a París…qué vergüenza!

Me acordé del Super le FranPrix cercano a casa donde buscaba Rioja español (costaba menos que en Madrid!) y donde yo soñaba con forrarme importando bimbo y fregonas Viledas.

Me acordé del estanco donde el paquete de Marlboro rojo valía 10FF, aun no había euros..

Me acordé del bus que cogía desde allí para ir a visitar a mi abuela, ma Mamée. Me iba conmigo misma y mi libro.

Me acordé del primer cuadro que compré y colgué en las paredes de dicho piso que mi novio había decorado con mil posters por todas partes.

Me acordé de la bañera grande y fría donde un día me corté el pelo como una loca desquiciada que yo era….

Me acordé del vater donde pille a un amigo jonki, que se había refugiado en mi casa para desengancharse, pinchándose y dejar sangre allí…

Me acordé de mi pelo rojo y de lo gótica que iba en ese barrio tan pijo y burgués de Paris.

Me acordé del parking donde tenía mi mini automático. Me daba miedo bajar allí.

Me acordé de la primera vez que cogí el coche tras conseguir el carnet y subí a la famosa Place de L’Etoile, un gran reto en coche! Iba con mi amiga María y su novio Jorge?

Me acordé de que también me daba miedo la entrada a mi edificio, por si alguien se había escondido debajo de la escalera a la espera de que yo abriera mi puerta de casa.

Me acordé de las llamadas de teléfono con soplidos que me hacían en cuanto llegaba…aunque fueran las 3 de la mañana.

Era alguien de mi edificio y eso me daba aun más pánico y rabia.

Me acordé del famoso spray paralizante que llevaba en mi mochila eastpack naranja y que como muchas nunca encontraba cuando lo necesitaba y que seguramente estaba caducado desde hace mucho…

Me acordé entonces de que dentro de algunos años mi hija se irá de casa…

Seguramente mi hija tenga para dicha fecha -no tan lejana porque el tiempo pasa muy muy rápido (lo de la Rue Duret fue hace 22 años ya..)- más desparpajo y seguridad en sí misma.

Es otra generación, será otro tipo de mujercita.

Pero seguramente tenga alguna día dichas sensaciones de aventuras pero también de novedad-soledad, miedo al desconocido, al hombre atacante cuando eres aun una chica de 18 años, una niña.

 

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  1. Je me souviens d’avoir repeint ta cuisine avec un verre à cocktail rempli de golden gin tonic avant de partir en virée pour la Saint-Patrick. Olivier et toi aviez tenté alors de m’apprendre une chanson espagnole qui faisait “Que bonitos ojos tienes, debajo de esas dos cejas”… C’est bizarre la mémoire qui s’attache à des détails ! Besos !

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