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Mis abuelos II

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De mis otros abuelos tengo que empezar contando que se pasaron la vida peleandose pero la vida juntos y que cuando se murió mi abuela, mi abuelo dejó de disfrutar de la vida.

Gran italiano, decidió seguir fumando, ya que ya no estaba ella para machacarle. Decidió también seguir comiendo pasta (300g spaguetti cada noche) por la misma razón…se fue con 76 años.

Ella se fue cuando yo era más pequeña. Me acuerdo, estábamos en Torremolinos cuando ocurrió.

Fue mi primer entierro, mi primera visión de un muerto, en este caso una muerta, mi abuela, toda guapa y de negro.

Ella era muy particular, la gente dice que me parezco a ello en el carácter y en su amor al champagne! Aunque todo hay que decirlo, mis dos abuelas adoraban este manjar de los dioses…me viene una herencia por ambas partes 🙂

Cuando era pequeña y no comía, me atiborraba de galletas fingers y de gominolas;  aunque -menos mal por temas alimentarios claro- no la veía mucho. Yo solo tenía 9 años cuando se murió.

Se llamaba Simone y era del norte de Francia.

Simone hizo muchas cosas en su vida: se casó con 18 para ser independiente (antes la mayoría era a los 21), tuvo una hija y se divorció! (como mi otra abuela…).

Montó un bar en la Place de la République en París donde iba con su Harley Davidson y su metro cincuenta; tenía hasta una pistola en la caja registradora.

Era de una gran hermosura, hasta posó para irse a Hollywood! Tenía la piel super suave…aún recuerdo el olor a polvos que tenía al besarla. Polvos que yo le cogía en su tocador y me echaba por todas partes!!!

Vivió en Marruecos, en varias ciudades con mi padre y ahí montó el Claridge, en Tanger. Era un piano-bar donde iba la gente de moda de la época, artistas y actores que residían en este país por temporadas. Visité el Claridge dos veces, en el 96 y el año pasado. Sigue ahí pero esta última década ha perdido todo su esplendor …pero me hice ahí la foto de rigor.

Al ver que las cosas iban a ir a peor en Marruecos, mi abuela decidió que ya era hora de volver a Francia perdiendo todo lo que tenían. La única manera fue gracias a un impresionante Stubaker, coche que le cedió, vendió (ya no recuerdo) una gran actriz americana de la época.

Le gustaba España y sobre todo Ronda donde estuvo un tiempo viviendo.

Pero cuando nos vinimos a vivir a Madrid, creo que solo vino una vez.

Sin embargo mi abuelo (que se llamaba) Onorato vino varias veces.

Onorato era italiano, de ahí mi apellido Tensi. Tenía un pelo blanco perfecto super suave y una tripa muy agradable tipo Obelix.

Era hombre y por consiguiente muy machista dándole todas las ventajas y permisividades siempre a mi hermano; aún así conservo un recuerdo muy muy tierno de él.

Nos contaba siempre la misma historia: cuando mató sin querer? sin saberlo? un cocodrilo durante su servicio militar en Eritrea, antiguamente italiana. Hoy en día, mi hermano tiene  la piel del famoso cocodrilo. Soy anti pieles, pero ésta es particular.

Onorato, como buen italiano, vendía hornos para pizzas, sifones y artículos para gelaterias…. Cada vez que venía a Madrid, hacíamos un tour por las pizzerías donde había vendido tipo da Nicola (bajos Orense) y por el maravilloso San Oliveri en la Castellana. ¡Cuántos helados de avellana y de limón habré comido en esta famosa heladería!

Ahí charlaba con sus compadres italianos y le bastaba para ser feliz.

Ninguno de los dos me vio hacerme adulta, casarme ni tener hijos…pero siguen ahí en mi cabecita.

Son mis otros abuelos.

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Mis abuelos I

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Tras subir hace unas semanas fotos de mis abuelos paternos a Facebook, fruto primero de haber realizado dichas fotos con mi móvil a petición de una compañera mía de la oficina -contabamos quienes eran nuestras abuelas, sus historias, aventuras, desafios en su época- he decidido escribir un post sobre ellos.

Empecemos por mi abuelo materno. El que nunca conocí. Solo puedo decir -según me han contado- que se parecía mucho a mi madre en todo: sobre todo en los ámbitos de la estética, el amor a la vida, y a la vida generosa!

Desgraciadamente, circunstancias de la época, ella (mi madre) le conoció tardíamente. Se parecían en que a los dos les gustaba viajar, conocer gente, beber champán, los muebles bonitos, los restaurantes caros y fue como ella, diseñador de moda. Cuando estuvo casado con mi abuela le regalaba la tienda entera de flores cuando ella decía “qué bonito ramo tiene aqui”, regalaba un secretaire Louis XV cuando un amigo le decía “pero qué bonito es”, pagaba champagne a todo una mesa cuando una sola mujer lo deseaba…Sé algo más de él: fue el brazo derecho de Jacques Fath, fue adoptado por un conde (de Fonremis), vivió la época de los palacetes en Paris. Murió cuando ni yo había nacido; con una úlcera, con deudas y totalmente solo. Mi primo pequeño es -al parecer- quién más se parece a él aunque evidentemente algunas cosas suyas están en mi sangre sin lugar a duda! 🙂

Se llamaba Robert.

Se casó con Lucienne. Nombre que casí le pongo a mi hija en catellano “Luciana”. Y fue MI abuela. y yo fuí SU nieta. La primera de sus cuatro nietos y la única chica. Tuvo una vida muy rara. Nació en 1912, hoy tendría 101 años. Perdió a su padre Lucien en la Guerra de 14-18, un mes antes de que acabara la guerra y tras su perdida convivió con una madre muy estricta (con pelo muy largo tan oscuro que decían que tenía origen español) y fue educada en la burguesía parisina perfecta. Se casó tarde, con 27 años para la epóca con el “loco” de mi abuelo. Divorció, también algo raro en la época, corrió en Le Mans y se volvió a casar con un hombre que no quiso hijos en su casa…Mi madre y mi tío tuvieron que marcharse a vivir con mi bisabuela…Sin comentarios. La visité muy a menudo durante mi estancia en París: hasta los 5 años (fecha en la que me marché a Madrid) y luego estudiando en la universidad. De pequeña me escribió un libro de cuentos que intento transmitir a mis niños. De mayor quedabamos en su pisito de París  o en su casa de las afueras y jugábamos a las cartas, me contaba su vida, bebíamos champagne….(hay otro post anterior sobre lo que hacíamos en dicha casa de campo).

2013-12-11_23-05-18_15Era una mujer alta con pechos pequeños, se decía que miraba a la gente de manera altiva (me suena).

Murío habiendo conocido a mi Violeta pero se quedó con las ganas de mi Mario.  Me despedí de ella en marzo 2006, 3 meses antes de que naciera él. Cuando me marché, en el ascensor de su residencia,  sabía que no la volvería a ver y me puse a llorar, casi tanto como 2 meses después, cuando se fue de verás. Estaba tan embarazada que no pude ni volar a París para asisitir a su funeral.

Se llamaba Lucienne y la tengo en mi salón junto a mi madre, yo y Violeta, las 4 generaciones. En blanco y negro, fotos de mi hermano.